jueves, 2 de agosto de 2012

el día del golero


Al final me inspiré sola. Tomé una carga de aire bien grande y deseé que estuviera limpio. No sé si lo estaba o no, y ya no importa. La cosa es que conseguí poner algunas ideas en claro. Vivir en la naturaleza es complicado sobre todo si se trata de una naturaleza alterada, intervenida a lo largo de la historia por los seres humanos y sus tontas tecnologías. No todas las tecnologías son tontas. Muchas sí. Esto de caminar hacia el almacén a comprar leche, y pasar por adentro del tambo, pero comprar la leche en el almacén, me resulta particularmente ridículo. Pero no es Pasteur el que me complica. Es que la bolsita en la jarra emboca justito en el espacio que le destino en la heladera, si es que algo tan chiquito se puede llamar así. No sé si alguno de los vecinos encarará venderme un litro de leche cada par de días o me tirarán un litro de regalo como para que me quede incómodo y no vaya a joder a cada rato. En tal caso la tecnología me habrá vencido.
¿Qué nos detiene además de cómo queda? ¿la propiedad? Paso por las calles, por los costados de las rutas, por las paradas de ómnibus y hay olivos, higueras, romeros, lavandas, y una planta que se parece a la de faso pero no es por todos lados. Hay también flores y esas que no identifico. Vaya a saber cuántas otras cosas se comen, tienen otros usos, y están ahí, a merced del humo de los caños de escape, sin dueño aparente. Me traje un brote de higuera y está encarando. Tiene una única hoja y esta hija no respira humo como la mamá. Está contenta parece. Hay ciertas condiciones que los seres vivos necesitamos para sentirnos bien y desarrollarnos plenamente. Hay otras que son indispensables para sobrevivir. Sobrevivir en la ciudad, ¿será más fácil o más difícil que en la naturaleza? ¿Existe la naturaleza?

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