Ya no me acuerdo lo que estaba pensando
cuando dije que me iba a poner a escribir. Las ideas discurren y se
escurren. El tiempo que pasa no pasa y no me quiero poner poética.
Cuando la idea se estructura sola se vuelve a estructurar sóla,
porque está almacenada. Eventualmente me acuerdo de lo que estaba
pensando antes y lo trato de meter, pero no tiene sentido, porque ya
estaba metido. Había aparecido ahí producto de otro pensamiento que
aparentemente apuntaba hacia otro lado. Pero era eso misno, tan
enfático que había que escribir palabras con tilde alrededor.
Sí, ya sé que ese sola no lleva
tilde. Sola nunca lleva. Porque el que lleva es él, el sólo de
solanente, tampoco él solo. Pero era necesario. Buscaba palabras con
tilde para enfatizar lo que pretendía expresar.
Ahora, más tranquila, busco dejar
“discurrir el discurso” y se me llena la cosa de signos y de
redundancias de nada, porque nada es nada, nada significa nada, pero
algo dije, algo escribí y lo que es peor algo pensé que ya no tengo
idea de lo que era.


