domingo, 31 de octubre de 2010

kaos

Lo que quiero que se entienda es el caos de información al que el individuo resulta expuesto. Uno abre cientos de documentos que dicen exactamente lo mismo. Al final, en lugar de ampliar el enfoque, lo que hacemos es reafirmar ideas de alguien, a quien, aparentemente, ni siquiera comprendimos. Entreverados con esta ensalada de contenidos, que oscilan entre el filtro y la selección de materiales ya existentes, aparecen los anuncios publicitarios en sus distintas modalidades, más o menos contemplativas de las necesidades de los interesados. Herencia de los medios de comunicación tradicionales, la economía publicitaria vicia y satura a la red de contenido inaprovechable. Se retroalimenta y hace necesarios los filtros. Las tan valoradas recomendaciones. Así prosperan los sitios sociales. Pero no vamos entrar ahora en ese tema. La cybersociabilidad, el cybersexo y el cybercomercio, se vuelven la misma cosa. ¿no lo han sido en sus versiones pre-cyber?

Me resulta particularmente difícil hacerme a la idea de adquirir un objeto real elegido a partir de su representación en una pantalla. Todo bien con la era digital. Pero el concepto me cierra si lo que voy a comprar es estándar, y he tenido uno de verdad entre mis manos. En todo caso ya no estoy eligiendo la representación en la pantalla, sino la experiencia anterior... Puedo entender un acercamiento. Pero me cuesta la idea de elegir un sofá, por ejemplo, sin haberme sentado en él primero. Sin embargo, créanme, conozco casos....

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